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martes, 17 de enero de 2017

Alimentación y sentido común

Queridos lectores, hoy tengo listo un post atípico. Porque no os daremos trucos para cocinar sano ni os hablaremos de nutrición o salud. Pero creo que es necesario dedicar unas palabras al tema.

En los últimos años, meses y días concretamente, se ha estado compartiendo información relacionada con la alimentación que siendo cierta crea confusión y miedos a las personas que la leen.
Me refiero a imágenes como esta: 

Fuente: SINAZUCAR.ORG

En los últimos tiempos (y viene de largo...) se habla de que hay que tener cuidado con el azúcar oculto en los alimentos. Totalmente cierto. Pero a veces un poco exagerado (después os lo comento).
Hay un detalle que no se comenta en esos artículos que los lectores comparten: ¿os habéis fijado que todos esos alimentos fotografiados han sido procesados industrialmente?
Es decir: nos muestran refrescos, alimentos de desayuno (galletas, cereales de sabores), "zumos"...etc.
Si recogemos todos esos alimentos llegaremos a la clara conclusión (una recomendación dietética que se viene dando desde que hay alimentos así) de que cuantos menos tomemos de esos, mejor para nuestra salud. 
Los alimentos procesados (comida precocinada, batidos, snacks, bollería, refrescos...etc) son fuente de nutrientes de poca calidad nutricional y muy calóricos. Por lo tanto, como bien es sabido, es mejor evitarlos por sistema. 
Lo que no quiere decir que si es el cumpleaños de nuestra madre, no podamos probar un trocito de tarta. 

Se está destacando mucho el azúcar contenido en los alimentos industrializados pero parece que se nos olvida algo que casi hace más daño que esos azúcares simples. Las grasas. Y más concretamente las grasas malas que aportan (aceites de palma, de coco, grasas hidrogenadas...) todas ellas son pequeños balazos a nuestras arterias y corazón. Y digo que casi hace más daño porque cuando una persona lee en el paquete de unas galletas "bajas en azúcares" piensa que puede tomar más cantidad y con más frecuencia, y al final acaba ingiriendo muchas más grasas (¡y de mala calidad!) de las que necesita. 



¿Cómo hacer entonces? ¿Cómo podemos llevar una alimentación sana, equilibrada y factible con nuestro ritmo de vida? ¿Tenemos que dejar para siempre los yogures, las galletas, los refrescos y demás? 

Mucho más fácil que todo eso.
Apliquemos el sentido común: sabemos que, por ejemplo las magdalenas de bolsa no son buenas (nos suben el colesterol, el azúcar, los triglicéridos, nos hacen engordar...etc) así que tomemos pocas y muy de vez en cuando. Para una ocasión especial, por ejemplo.
La regla resumida más sencilla sería: CUANTOS MENOS ALIMENTOS INDUSTRIALIZADOS, MEJOR. 
Llenemos nuestras despensas de frutas, verduras y hortalizas frescas de temporada (también en conserva y congeladas). De legumbres, de arroz y pasta, de pan tradicional (nada de colines ni tostitas, volvamos al pan de toda la vida), de patatas, de pescados, lácteos desnatados y unas cuantas carnes. 
Bebamos agua y dejemos los zumos y los refrescos para ocasiones especiales.
De postre frutas y yogures desnatados. Y algún día esporádico algo más especial. 
Y para niños optemos por almuerzos y meriendas tradicionales, cuantos menos envases, mejor. 

Tan sencillo como eso. Cuantos menos envases de colores chillones en nuestras cocinas, mejor para nuestra salud ;) 

Y un detalle más: somos de la opinión profesional de que podemos comer de todo, sabiendo cuál es la frecuencia y ración que nos corresponde.
Un ejemplo, el tomate frito de brick. Es uno de los típicos alimentos que se está demonizando por la cantidad de azúcar invisible que contiene. 
Pues veréis: 2 cucharadas soperas de tomate (a mí no me hace falta más para aderezar un plato de pasta) aportan 1.5 g de azúcar. 
La OMS recomienda que los azúcares simples no deberían superar el 10% de nuestra ingesta calórica diaria.
Es decir: si yo consumo 1500 calorías diarias, 150 de ellas máximo tendrían que provenir de los azúcares sencillos. Vienen a ser 37.5 gramos de azúcar al día. 

1 cuchara sopera de tomate frito pesa 10 g y tiene 0.7 g de azúcar. 


Para terminar: Julio Basulto es un dietista-nutricionista español muy activo difundiendo hábitos de vida saludables. Él dice algo que nos ha gustado mucho: los alimentos procesados que aportan tantos nutrientes malos para la salud y tantas calorías deberían ser llamados con otro nombre, pues no nos alimentan


Desde luego, si un bote de nutella o similar, nos dura solo unos días en casa, no estamos cuidando de nuestro cuerpo como deberíamos.
Pero si alguna mañana nos apetece poner una raspita en la tostada, no sería tan terrible.
Pero sí, una raspita es la clave.
Debemos concienciarnos de qué alimentos hemos de tomar a diario (la lista anterior de color azul) y de cuáles muy de vez en cuando y/o en pequeñas raciones.

Lo dicho, lectores: apliquemos el sentido común a nuestra alimentación, sigamos las pautas de alimentación tradicional y disfrutemos de la comida con cabeza ;) 



martes, 4 de marzo de 2014

LA GRASA: MEJOR CALIDAD QUE CANTIDAD



AUTORA | Sandra Fernández 
Diplomada en Nutrición y Dietética
Postgrado en obesidad y trastornos alimentarios
Máster en Desarrollo e Innovación de Alimentos



Hemos escuchado muchas veces que debemos “tomar menos grasa” o “elegir alimentos con poca grasa”. Las recomendaciones nutricionales se han centrado más en optar por el tipo correcto de grasa.

Los factores de riesgo cardiovascular  son: tabaco, colesterol, diabetes, tensión arterial y obesidad.

Para lograr controlar uno de estos factores de riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular hay que vigilar dos tipos de grasas: las grasas saturadas y las grasas trans que son las que hacen aumentar os niveles de colesterol. 

Las grasas saturadas se encuentran sobre todo en alimentos de origen animal: 

  • mantequilla, 
  • nata, 
  • carne, 
  • queso,
  • lácteos… 

Por lo tanto si queremos controlar el colesterol hay que intentar no abusar de estos alimentos. 




En cambio las grasas monoinsaturadas que encontramos en: 
  • aceites vegetales, 
  • margarinas, 
  • salmón y otros pescados azules, 
  • frutos secos, 
  • aceitunas y semillas, 


Tienen dos funciones:

  1. Reducen el índice de colesterol malo (LDL)
  2. Contribuyen a mantener el índice de colesterol bueno (HDL)
El ácido oleico forma parte de estas grasas monoinsaturadas y es una parte muy importante de la dieta mediterránea, ya que lo encontraremos principalmente en el aceite de oliva.
También forman parte del grupo de las grasas insaturadas los ácidos grasos omega-3  y omega-6 (en concreto de las grasas poliinsaturadas), estos ácidos grasos disminuyen el colesterol total y el malo (LDL) además de realizar varias otras importantes funciones en el organismo. El omega-3 se encuentra sobre todo en: pescado azul, semillas de lino y chía y nueces, y el omega-6 en aceites vegetales como el de girasol, el de soja y el de colza y margarina.


Otro factor de riesgo cardiovascular es la diabetes. En los últimos años se están viendo casos de niños de 15 años con diabetes mellitus tipo 2, esto es un indicador de que la población está sufriendo un envejecimiento acelerado, ya que esta enfermedad es típica de personas en edad avanzada y un factor de riesgo cardiovascular.
Se han hecho estudios en diabéticos que siguen una dieta mediterránea y se ha visto que necesitan menos cantidad de medicación.

Se está comenzando a investigar si la dieta mediterránea puede reducir los factores de riesgo cardiovascular. Se han hecho muchos estudios que permiten sacar conclusiones sobre el tema.

Por ejemplo, en el estudio de Lyon, los sujetos eran personas con enfermedades cardiovasculares, unos que seguían una dieta sana, y otros que seguían una dieta sana rica en insaturados (con consumo de margarina) y se vio que en el grupo que consumían insaturados había una disminución de la mortalidad, pero al mirar el colesterol y la tensión arterial vieron que los valores eran similares a los del otro grupo. Es decir, sin cambiar los niveles de colesterol, una dieta rica en insaturados aun así disminuía un 70% el riesgo cardiovascular, más incluso que con medicación para el colesterol.

En EEUU, ya en 1970 se publicó un estudio que explicaba que no es la cantidad de grasa lo que influye en la obstrucción arterial, sino el tipo de grasa, pero hasta hace 4 años los estadounidenses no lo asumieron y la recomendación que dieron a la población para prevenir la enfermedad cardiovascular, fue no tomar nada de grasa. Los resultados en cuanto a mortalidad por enfermedad cardiovascular de las personas que no tomaban nada de grasa no fueron mejores que los de las personas que tomaban grasas trans o saturadas.


Las conclusiones de todos los estudios que se han realizado, indican que las grasas monoinsaturadas ayudan a equilibrar la proporción entre colesterol bueno y malo en la sangre porque reducen el malo (LDL) y aumentan ligeramente el bueno (HDL).


En resumen, nuestra elección de grasas y aceites es de una importancia extrema. La mayoría de la gente, especialmente los bebés y los niños que están creciendo, se benefician de más grasa en la dieta, en lugar de menos. Todos los alimentos que contienen grasa, tendrán saturada e insaturada, pero en cada alimento varía la proporción de cada una de ellas.

Por eso, lo que nunca debemos hacer es dejar de tomar alimentos que contengan grasa, sólo debemos elegir bien los alimentos que tomamos y decantar la balanza a favor de las grasas insaturadas.