Mostrando entradas con la etiqueta alergia alimentaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alergia alimentaria. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de marzo de 2018

Alergia, intolerancia y el famoso test de alimentos

El de hoy es un tema que la comunidad científica lleva años combatiendo. Casi cada semana alguien nos pregunta sobre ello y en concreto sobre si merece la pena o no gastar dinero en los test de intolerancias alimentarias. 
Vayamos poco a poco porque el tema es denso y realmente importante.

Pero para empezar un detalle que os hará reflexionar: ¿sabéis que cada cierto tiempo nos quieren vender en la clínica los aparatos que realizan el test de intolerancia de alimentos? ¿Y sabéis cuál es la última razón que nos dan? Con este aparato vais a ganar mucho dinero. Y muy fácil además. 

La primera vez que lo oí en boca de un comercial me quedé petrificada: o sea, estaba tratando de venderme una máquina para quedarme con el dinero de la gente
Y lo digo claramente (yo, y cualquier otro profesional científico y sanitario): es un método condenado por las sociedades médicas/científicas desde sus comienzos.
Lo interesante aquí, (y quizá solo pueda responderlo algún compañero de Íker Jiménez) es por qué no se prohíbe. En fin... sigamos.



Una alergia alimentaria provoca la activación del sistema inmune de la persona. Y puede llegar a ser tan grave que le cause la muerte.
Por contra, la intolerancia alimentaria genera un tipo de respuesta distinta (que no implica al sistema inmune) y por lo general no es tan grave como la primera.



Una alergia alimentaria provocará picor en los ojos, sequedad en la boca, dolor abdominal, vómitos y diarrea, enrojecimiento de la piel y dificultad para respirar. El cuadro puede empeorar hasta causar la muerte a la persona alérgica.
La intolerancia provocará principalmente malestar y/o distensión gastrointestinal, llegando a la diarrea en algunos casos. Y de ahí no pasará.



Seguro que a todos os suena eso de "las pruebas de la alergia". Son aquellas en las que con un pequeño punzón, la enfermera nos rasga un poco la piel en varios sitios de la cara interna del brazo, y sobre los arañazos deja caer una gota transparente. Cada gota suele ser un agente alérgico: si "nos da reacción" (surge un ronchón rojo e hinchado, que pica mucho) seremos alérgicos a X sustancia.
Esas pruebas se hacen en un hospital o centro médico especializado y las interpretará el médico especialista correspondiente.

Las pruebas de la intolerancia son distintas: como no implican al sistema inmune, no servirá de nada realizar el protocolo anterior.
Por ejemplo, para detectar la intolerancia a la lactosa hay varias pruebas:
- la del hidrógeno espirado
- la de la glucemia
- y la de la acidez fecal
Otras intolerancias requieren de pruebas sanguíneas, serológicas y hasta de biopsias intestinales (como en el caso de la intolerancia al gluten) para ser diagnosticadas.
Lo que sí tienen en común estas pruebas con las de la alergia es que se harán en un hospital o centro médico especializado.



Los test de intolerancia a alimentos dicen que mediante una prueba sanguínea (y hasta de saliva) y con la ayuda de una máquina especial, nos harán un listado de los alimentos que "a la persona le van mal". La mayoría de veces se hacen en el contexto de la pérdida de peso y el listado pasa a llamarse "los alimentos que te engordan". 
Y nada más lejos de la verdad y el rigor científico.
Todavía recuerdo a una paciente que nos dijo que según el test que se hizo hacía un tiempo, le engordaban las berenjenas y las zanahorias, y lo asombroso es que no las probaba jamás porque las aborrecía. La pobre acudía a nosotros agobiadísima porque no entendía la causa de su sobrepeso: ¡si nunca como zanahoria ni berenjena! nos decía una y otra vez...
Estos test se hacen en cualquier lugar: una tienda de un centro comercial, un gimnasio, e "inexplicablemente" a veces en farmacias o centros dietéticos.

Hace años un grupo de estudio español integrado por dietistas-nutricionistas declaró lo siguiente sobre esos test: 
  • No han sido validados mediante métodos científicos rigurosos.
  • No han mostrado ser fiables ni reproducibles, además de no correlacionarse con los síntomas del paciente.
  • Se promueven para el diagnóstico y tratamiento de patologías en las que no se ha demostrado la participación del sistema inmunitario.
  • Pueden dar lugar a resultados confusos y a la instauración de tratamientos dietéticos ineficaces y, en determinadas ocasiones, potencialmente perjudiciales.
  • Pueden retrasar el diagnóstico y el tratamiento adecuado tanto en la obesidad, como en la (verdadera) intolerancia alimentaria.
  • Son costosos.
  • Están desaconsejados por las sociedades de alergología e inmunología clínica de referencia.

Por ello ningún profesional de la nutrición serio os recomendará haceros este test. Ni lo tendrá en cuenta si lo tenéis ya hecho. Y por ello no entra, ni entrará, por la Seguridad Social: porque sencillamente, no es real. Un médico no nos mediría el azúcar en sangre chupándonos un ojo.


Si queréis saber más sobre el tema os dejo estos artículos en los que podréis profundizar:
Los test y la seguridad social, de Julio Basulto para Eroski Consumer.




Soy María Astudillo Montero, 
fundadora y codirectora de ALEA desde el año 2006.
Coautora de La dieta ALEA, 2015 Ed. Zenith/Planeta.



¿Deseas adelgazar? ¿Mejorar tu alimentación? 
Podemos ayudarte:

martes, 21 de octubre de 2014

Intolerancia y alergia alimentaria, ¿cuál es la diferencia?

Artículo elaborado por: Fátima Breña Casco 
Licenciada en Medicina por la Universidad de Salamanca


En los últimos tiempos, y sobre todo debido al aumento del procesado de alimentos, de la contaminación y otros factores que aún no están muy claros, como el posible exceso de “higiene” en los niños, han aumentado el número de alergias e intolerancias en nuestro medio. 

Pero es un tema que aún resulta confuso, no es extraño escuchar “soy alérgico al gluten”, “me he intoxicado con leche” y otros comentarios que reflejan el desconocimiento de que los mecanismos que producen las alergias son diferentes de los de las intolerancias. En este post se intenta dejar clara las diferencias entre estos mecanismos a fin de poder reconocerlos y así evitarlos o tratarlos.



ALERGIA ALIMENTARIA: SISTEMA INMUNE
            
Se define como alergia alimentaria aquella reacción adversa que aparece tras la ingestión de un alimento, mediada por mecanismo inmunitario. Para su aparición se precisan al menos dos exposiciones al alimento. Se producen reacciones adversas de forma inmediata, que normalmente son localizadas. Sin embargo, algunas reacciones alérgicas tardan horas o incluso días en desarrollarse desde el momento de la exposición. 

Los síntomas más frecuentes son los mucocutáneos (urticaria, erupciones, picazón, inflamación de labios, cara, boca o garganta (angioedema), eczema) seguidos de los digestivos (vómitos, diarrea, dolor abdominal, cólicos). Más infrecuentes son los síntomas respiratorios como el broncoespasmo (dificultad para respirar) o el shock anafiláctico, que es cuadro grave con riesgo vital en el que se debe administrar adrenalina intramuscular lo más rápido posible. 

Aunque se pueden dar reacciones alérgicas a cualquier alimento o componente del mismo, algunas se dan con mayor frecuencia que otras. Los alérgenos alimenticios más comunes son la leche de vaca, los huevos, la soja, el trigo, los crustáceos, las frutas, los cacahuetes y los frutos secos, como las nueces. 

Si alguien piensa que puede estar sufriendo una respuesta alérgica a determinadas sustancias alimenticias, lo primero que debe hacer es ir al médico, para asegurarse de que los síntomas no se deben a otra enfermedad y para que éste remita al paciente a un nutricionista o un especialista en alergias.



INTOLERANCIA ALIMENTARIA: DIGESTIÓN Y METABOLISMO

La intolerancia alimentaria afecta al metabolismo, pero no al sistema inmune del cuerpo. La intolerancia alimentaria se da cuando el cuerpo no puede digerir correctamente un alimento o uno de sus componentes y no es necesario haber tenido exposición previa al alimento como en el caso de las alergias. 

Cursa con síntomas exclusivamente digestivos (diarrea, náuseas, dolor abdominal, etc...). Las dos causas más comunes de intolerancias alimentarias son la lactosa y el gluten. También existen, aunque en un número muy reducido de personas, intolerancias a diversos aditivos alimentarios como ciertos colorantes. 

En el caso de la lactosa, lo que ocurre es que algunas personas tienen déficit en la enzima lactasa, que metaboliza en el intestino delgado la lactosa, ya que esta se va perdiendo paulatinamente tras el fin de la lactancia. Cuando la actividad de la enzima es demasiado baja, la lactosa no se puede digerir, y pasa al intestino grueso, donde es fermentada por las bacterias de la flora intestinal. Esto puede provocar síntomas como flatulencia, dolor y diarrea. 

El grado de intolerancia es variable, y algunas personas pueden tomar pequeñas cantidades de lácteos sin experimentar ninguna molestia. 

De la otra intolerancia más común, la asociada al gluten o enfermedad celíaca se habla ampliamente en otro post de este blog: 



TRATAMIENTO Y MEDIDAS PREVENTIVAS

La única forma de prevenir las reacciones alérgicas en las personas sensibles es eliminar dicho alimento o componente de su dieta o de su entorno. En caso de intolerancia alimentaria, puede ser suficiente limitar el tamaño de las raciones que se consumen del alimento en cuestión, para evitar los síntomas (excepto en el caso del gluten en el que se debe evitar totalmente de por vida). La mejor forma de protegerse es leer la información sobre los ingredientes de las etiquetas, y conocer qué alimentos provocan las alergias o intolerancias. 

Se puede pedir la ayuda profesional de un nutricionista titulado para asegurarse de que no se excluyen nutrientes de la dieta cuando se cambian o sustituyen alimentos. También es importante preguntar sobre los ingredientes y métodos culinarios empleados cuando se come fuera de casa, para evitar así los alimentos que causan problemas. Si se cree que una persona está sufriendo una reacción alérgica grave se debe llamar inmediatamente a un médico o una ambulancia o administrar adrenalina intramuscular si está disponible. 



Para terminar, decir que hay que desconfiar de dietas de reducción de peso basadas en “test” de intolerancia, ya que no tienen ninguna validez científica y pueden acarrear graves carencias nutricionales, ningún alimento es “bueno” ni “malo” ni “prohibido” (excepto en alergias confirmadas) sino que, como en el resto de cosas en la vida, hay que buscar el equilibrio entre todos los nutrientes.